Efesios 6:10- 20 Por lo demás, hermanos míos,
fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que
podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha
contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los
gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de
maldad en las regiones celestes. Por
tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo,
y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,
y calzados los pies con el apresto
del evangelio de la paz. Sobre todo,
tomad el escudo de la fe, con que
podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el
yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra
de Dios; orando en todo tiempo con
toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia
y súplica por todos los santos; y por
mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con
denuedo el misterio del evangelio, por
el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo
hablar.
Ceñidos vuestros lomos con la verdad
Vestidos con la coraza de justicia
Calzados los pies con el apresto del evangelio de la
paz
Tomad el escudo de la fe:
Un
escudo es el arma defensiva activa más antigua utilizada para protegerse de las
armas ofensivas y para un ataque. Se conoce al menos desde la época sumeria
(III milenio a. C., en Mesopotamia) y será utilizada en Occidente
hasta el siglo XVII, cuando las armas de fuego individuales se generalizaron,
quedando así obsoleto. Comúnmente se embraza en el brazo izquierdo y ayuda a
cubrir el cuerpo de los embates sin impedir la utilización del brazo derecho
para contraatacar. El escudo ha sido usado por casi todas las culturas humanas
para la defensa en la lucha, tanto a distancia como cuerpo a cuerpo, por su
versatilidad para cubrir al luchador de las agresiones con armas arrojadas o
blandidas
El yelmo de la salvación




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