Monday, August 31, 2015

La Armadura de Dios

Efesios 6:10- 20 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.  Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.   Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.   Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justiciay calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.  Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.   Y tomad el yelmo de la salvación,  y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;  orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;   y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio,  por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar.



Ceñidos  vuestros lomos con la verdad

Vestidos  con la coraza de justicia

Calzados  los pies con el apresto del evangelio de la paz

Tomad  el escudo de la fe:


Un escudo es el arma defensiva activa más antigua utilizada para protegerse de las armas ofensivas y para un ataque. Se conoce al menos desde la época sumeria (III milenio a. C., en Mesopotamia) y será utilizada en Occidente hasta el siglo XVII, cuando las armas de fuego individuales se generalizaron, quedando así obsoleto. Comúnmente se embraza en el brazo izquierdo y ayuda a cubrir el cuerpo de los embates sin impedir la utilización del brazo derecho para contraatacar. El escudo ha sido usado por casi todas las culturas humanas para la defensa en la lucha, tanto a distancia como cuerpo a cuerpo, por su versatilidad para cubrir al luchador de las agresiones con armas arrojadas o blandidas




El  yelmo de la salvación

La espada del Espíritu, que es la palabra de Dios






Y por última hay necesidad de orar



El hombre de Dios debe dejar de utilizar la palabra como escudo, para excusar todas las cosas malas o erradas que hace, en este último caso mejor es acudir a la oración de arrepentimiento. La palabra es la espada no escudo. El escudo es la fe.

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